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¡Di no al estrés!

7 Sep , 2017  

Hola a todos los que están visitando mi blog. A los viejos acompañantes que han seguido mi trayectoria, y a los nuevos que apenas están conociéndome. Les aseguro que no se sentirán defraudados, y cada recomendación que aquí se hace sirve para algo o para alguien. ¡Así que comencemos!

Creo que este mundo nos convierte en un manojo de estrés, y eso es muy triste. Necesitamos encontrar un escape para no convertirnos en lo que alguna vez criticamos, desde tomar una clase de yoga df, hasta comenzar a hacer ejercicio, o hasta ir con el psicólogo. Pero no podemos unirnos al montón de personas que explotan por cualquier nimiedad, no es sano ni para nosotros ni para las personas que están a nuestro alrededor.

Antes criticaba a mis padres, puesto que llegaban siempre muy estresados del trabajo, o extremadamente cansados. No sé si creía que exageraban, pero sí que tomaban el camino más común del estrés y la tensión, o que no intentaban con suficiente fuerza ser diferentes. Me prometí que jamás en la vida llegaría así, que siempre conservaría la sonrisa que me caracteriza, que el cansancio nunca iba ser un obstáculo en mis relaciones personales, ya que según yo era muy fácil poder separar el estrés del día al llegar a tu casa.

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Sin embargo, cuando empecé a trabajar estando 10 horas en una oficina, y me enfrenté al transporte público en hora pico, entendí muchas cosas de mis padres. Ellos hacían su mejor esfuerzo, pero parece que la vida te orilla a estar estresado.  Era apenas una jovencita, que no vivía sola, que no tenía hijos, ni más responsables que la cuestión laboral, y los pocos gastos que generaba, y aun así me estaba volviendo alguien muy irritable.

Me di cuenta de que debía comenzar a cambiar cuando llegué a mi casa en la noche, y descubrí que alguien se había comido mi pan dulce de El Globo. En cualquier otro momento de mi vida, habría reclamado, y hasta ahí. Pero en mi situación actual, me puse a gritar como loca, y rápidamente fueron las lágrimas las que comenzaron a surcar mi rostro, ¡por un pan! No podría creer que en mi cuerpo cupiera tanto enojo, pero en realidad no podía parar de sentirme enfadada y de gritarlo a los cuatro vientos.

Fue en ese momento en el que decidí encontrar mi escape —por ende— opté por clases de yoga. Comencé a ir a Ayari Yoga, un centro muy bonito, en donde tienen su spa y su cafetería. Quedé encantada con los profesores, quienes son muy amables y pacientes con el entrenamiento. Mi cuerpo empezó a relajarse, la tensión se diluyó paulatinamente. No diré que mi vida dejó de tener enojos, pero al menos éstos comenzaron a ser más racionales, y no causados por un triste pan.

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